Consiguió la meta y no sintió nada
13 de agosto de 2026
13 de agosto de 2026
Llegó al número. El que llevaba tres años en la pizarra, el que iba a cambiarlo todo. Lo alcanzó un martes, lo comprobó dos veces, y esa noche no pasó nada. Al día siguiente ya había otro número.
La explicación fácil es que es insaciable, o que no sabe disfrutar. La otra explicación, más útil, es que lo que estaba pidiendo a través de la cifra no era la cifra.
El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a Jacques Lacan traza la distinción de entrada. La necesidad fisiológica funciona como uno esperaría: «tengo el deseo de una 'cosa', la obtengo, satisfago mi deseo». El deseo humano no. Ese «no es la satisfacción inmediata de una mera necesidad, sino la exigencia de un reconocimiento».
Y no se satisface en solitario, sino «por la esfera del otro en el que estoy inmerso constantemente». El tomo lo formula así: «La condición de la intersubjetividad se convierte en condición esencial». O, más rotundo: «Soy un hombre porque hay quién me reconoce realmente como tal».
De ahí la fórmula que el propio tomo advierte que es polisémica y conviene no fijar en un solo sentido: «Mi deseo se convierte en "deseo del otro" porque en este marco me reconozco humano».
El deseo, como la palabra, «busca una respuesta». Por eso una meta alcanzada en el vacío no cierra nada: no hubo respuesta, solo resultado.
Hay un segundo uso, menos obvio y más práctico. Cuando otro encarna lo que uno querría ser, el vínculo despierta amor y odio a la vez. Lo que contiene esa deriva, según el tomo, es «la mediación del reconocimiento recíproco, expresado mediante el lenguaje, gracias al que podemos frenar y gestionar la pulsión destructora».
Es decir: la conversación no es un adorno del vínculo, es su mecanismo de contención. Donde se deja de hablar, la rivalidad no desaparece; se queda sin freno.
La parte que más rinde fuera de la clínica es la del límite. El tomo describe cómo el niño puede quedar capturado intentando ser aquello que completa a otro, y cómo la salida es simbólica: una función —que el tomo llama Nombre-del-Padre— sustituye a esa captura, y entonces el niño «toma conciencia de lo que es».
Lo llamativo es cómo el tomo califica ese «no»: «un verdadero regalo al hijo». Porque lo que dona es un vacío fecundo. La fórmula es preciosa y se puede repetir en cualquier contexto: «tu deseo puede encontrar satisfacción, no aquí pero sí en otra parte». El límite no cancela el deseo, lo reorienta. En palabras del tomo, «La misma ley es elevada de una condición trágica a una condición fructífera».
Y hay una condición que se suele saltar: que quien está al otro lado reconozca esa función. Un límite que el sistema no respalda no separa nada.
El tomo describe la palabra del paciente como «la demanda al analista de un reconocimiento: "¿Quién soy, yo?"». Dentro de casi cualquier consulta hay esa pregunta, aunque el orden del día diga otra cosa.
El riesgo es el trono. En la transferencia, la persona deposita en el otro un saber que no tiene: el «sujeto supuesto saber». Y el tomo es explícito sobre a quién pertenece ese saber: «no es el terapeuta quien lo posee, sino el mismo paciente». La relación sigue siendo asimétrica, pero la meta es «la capacidad de cultivar un deseo maduro y no destructivo» — devolverle el deseo a su dueño, no administrárselo.
Lo que sigue es traslado nuestro.
Cuando la meta no sacia, no subas la meta. Pregunta de quién esperaba la respuesta. Muchas cifras de facturación son demandas de reconocimiento con traje de objetivo, y por eso multiplicarlas no funciona: la cifra nunca fue el punto.
Trata el reconocimiento explícito como estructura, no como bono. En un equipo, decir en voz alta lo que alguien hizo bien no es un gesto amable opcional: es la mediación que impide que la comparación se vuelva rivalidad. Cuesta un minuto y sustituye conversaciones de meses.
Busca las dinámicas fusionales. El socio, el fundador o el colaborador que existe para completar a otro. Ahí el trabajo no es motivacional: es instalar un tercero —una regla, un consejo, un contrato— que haga de límite y devuelva a cada quien su lugar.
Y para uno mismo, la regla más difícil: no ocupar el sitio del que sabe. Se ofrece solo, se siente bien y arruina el proceso. El trabajo es del otro, y devolvérselo es la parte del oficio que menos se agradece en el momento.
Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a Jacques Lacan. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a Jacques Lacan es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.
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