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No tener problemas también es un problema

13 de septiembre de 2026

Piensa en la persona que nunca da problemas. La que se acomoda a cualquier plan, entrega siempre lo que le piden, no se queja y cae bien a todo el mundo. En la oficina es "la fácil"; en la familia, "la buena"; en el grupo de amigos, la que nunca arma drama. Ahora la pregunta incómoda: ¿y si esa ausencia total de fricción no fuera un signo de que está bien, sino la señal de que algo se rompió hace mucho tiempo?

Donald Winnicott, el psicoanalista que dedicó su carrera a observar a madres y niños, le puso nombre a esto: el falso Self. No es una máscara consciente ni una mentira calculada, sino una estrategia de supervivencia que se arma temprano. (Lo que sigue resume una lectura de divulgación sobre su obra; el texto entre comillas es cita literal de esa lectura.)

Una defensa potente y organizada hacia una madre que no ha sido "suficientemente buena".

Ocurre cuando el entorno no reconoce lo que de verdad sientes o necesitas y, en cambio, "acaba por pedirle al niño que se adapte a ella". Ahí queda "una única posibilidad para existir: la de adaptarse". Con el tiempo, "el niño aprende a convertirse en lo que quieren los demás".

El problema que no se ve

Lo perturbador del falso Self no es que duela mucho. Es que no duele visiblemente. El material lo dice sin rodeos: "el conformismo forzoso no crean problemas, no producen 'síntomas'". La persona funciona, cumple, es querida.

En una jaula vacía sin saber expresar su propio malestar y sin que esto sea visible para los demás.

Así se describe esa forma de estar en el mundo. No hay crisis que la delate. Hay, como mucho, una frase que se repite puertas adentro:

No aprecian lo que soy realmente, sino lo que les muestro.

No se plantea como etiqueta binaria —tienes máscara o eres auténtico—, sino como algo que "se puede encontrar en todos nosotros, de una manera más o menos matizada". Hay grados: desde la cortesía social que no le cuesta nada a nadie hasta el extremo en el que alguien se olvidó de que hay otra cosa debajo de lo que muestra. La pregunta útil, entonces, no es "¿tengo máscara?" —todos la tenemos en algún grado— sino cuánto queda todavía de lo otro: de lo que sentías antes de aprender a acomodarte para que te quisieran.

La salida que señala el propio material no es dejar de complacer de un día para el otro. Es recuperar la capacidad de jugar, de crear, de "vivir creativamente" en vez de simplemente funcionar bien. Esa es la diferencia real entre estar vivo y estar bien adaptado. Si hoy alguien te preguntara qué sientes de verdad debajo de lo que muestras, ¿tendrías respuesta? La persona que nunca da problemas también merece que alguien la busque ahí.

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