Por fin es libre y no lo soporta
13 de agosto de 2026
13 de agosto de 2026
Renunció. O vendió, o se separó, o dejó el grupo que llevaba veinte años diciéndole qué pensar. Lo celebró, y con razón: costó años. Y a los tres meses lo encuentras buscando otro sitio parecido, con otro nombre, donde alguien vuelva a decirle por dónde.
Es fácil leerlo como recaída o falta de carácter. Este material propone leerlo como lo que es: una fase estructural del proceso, no un fallo de la persona.
El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a Erich Fromm arranca por la paradoja: «Luchamos para conseguirla y, una vez que la conseguimos, nos deja aterrorizados y desarmados». Para el hombre contemporáneo, dice, la libertad «representa una jaula dorada».
La distinción que ordena el tema es de dos tiempos. Emanciparse «de la parte instintiva y de las ataduras orgánicas» es apenas la precondición; lo que falta es «el logro de la autonomía individual, vinculada al concepto de responsabilidad dada por la posibilidad de escoger y decidir». Entre soltar y sostenerse hay un tramo, y ese tramo es el problema.
Porque en ese hueco, según el tomo, el hombre liberado «prefiere adecuarse a un sistema que, aunque falsamente, le proporciona orden, dirección y significado». Con una advertencia de la casa: «el abrazo de la sociedad de masas es un abrazo mortal».
El tomo lo cuenta primero como historia: «La historia de la humanidad es la historia de la libertad». El hombre medieval «no es libre, pero no está aislado ni solo. La certeza de tener un lugar en el mundo es suficiente para dar un significado a la vida». El renacentista «es libre pero solitario en su libertad», sometido a un tirano nuevo, el dinero. Y el moderno queda medido por «cuánto produce y cuánto consume».
Cada conquista añadió un peso. Nadie propone volver atrás —«si no hay libertad, el hombre no puede existir»—, pero conviene saber qué se está cargando.
El tomo nombra «tres posibles mecanismos de escape» ante ese vacío, y son funcionalmente equivalentes: resuelven la misma angustia por caminos distintos.
El autoritarismo. En el origen de los regímenes totalitarios el tomo sitúa un encaje: «hay tendencias sádicas y masoquistas, respectivamente representadas por el líder del régimen y por el pueblo, uno necesitado del otro». Y sentencia: «El miedo a la libertad se convierte, paradójicamente, en la vía principal hacia nuevos regímenes totalitarios».
La destructividad. No busca vínculo con el mundo sino «su eliminación». La energía vital asfixiada se vuelve contra lo que hay.
El conformismo autómata, que es el más invisible porque se premia. El hombre «renuncia al pensamiento crítico» —dice el tomo— «para aislarse y ser exactamente como los demás. Para ser, de ese modo, lo que no es». Nace entonces un «pseudoyó que sustituye al yo auténtico».
Aquí el material se vuelve inesperadamente práctico, y es la parte que más se cita mal. El tomo sostiene que la autoridad «no tiene connotaciones negativas a priori» y distingue dos clases. La racional se funda en el conocimiento y en compartirlo: el vínculo maestro-estudiante. La irracional se funda en «un poder impuesto», con «temor y sumisión»: el vínculo amo-esclavo.
La diferencia no está en el tono ni en el título, sino en la dirección del movimiento: una vuelve al otro más competente y por tanto menos necesitado; la otra lo vuelve más dependiente. Es un criterio que se puede aplicar a un jefe, a un mentor, a un gurú y —lo más incómodo— a uno mismo cuando dirige.
Detrás del mecanismo autoritario el tomo coloca un superyó social: la autoridad familiar interiorizada «se proyecta constantemente sobre los depositarios de la autoridad dominante en la sociedad que, por este motivo, no se someten a una crítica racional». Se obedece sin examinar porque la figura ya venía instalada.
Y la brújula del capítulo, que el tomo toma de Sobre la desobediencia y otros ensayos: «Hasta que el hombre piense que su ideal está fuera de sí mismo, saldrá de sí mismo y buscará obediencia allí donde no lo puede encontrar».
La libertad negativa —desvincularse— solo se vuelve positiva, según el tomo, «cuando se trasforma en libertad de ser él mismo», y eso ocurre a través «del amor, la creatividad y el trabajo». No es una fórmula operativa; es una dirección. El propio material no explica cómo se entrena ese paso.
Lo que sigue es traslado nuestro, no contenido del tomo.
Nombra el vacío antes de que se llene solo. Después de una venta, una renuncia o una salida, el hueco llega. Si nadie lo anticipa, la persona lo interpreta como error y busca de urgencia algo que lo tape. Anticiparlo cambia la lectura: no te equivocaste, estás en el tramo.
Construye el «para qué» mientras dura el tramo, no después. Es el único trabajo que impide que el hueco se llene con la primera dependencia disponible.
Lee las culturas de empresa con los tres mecanismos. La casa que no decide nada sin el fundador. El equipo que se ha vuelto cínico y sabotea por lo bajo. La organización donde todos hablan igual y nadie disiente. Son tres formas distintas de la misma incomodidad con la libertad.
Y queda la pregunta que sirve para uno mismo, no solo para el cliente: dónde estoy buscando afuera una respuesta que solo puede salir de aquí. Es incómoda de sostener, y por eso funciona.
Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a Erich Fromm. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a Erich Fromm es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.
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