Te incomoda justo quien tiene lo que querrías ser
13 de agosto de 2026
13 de agosto de 2026
Hay alguien que te cae mal y no puedes defender por qué. No te ha hecho nada. Objetivamente hace bien su trabajo. Y cada vez que lo mencionan sientes una punzada que te avergüenza un poco, porque sabes que no está justificada.
Este material propone una lectura incómoda y muy útil: esa incomodidad probablemente no habla de esa persona. Habla de algo tuyo que está depositado en ella.
El tomo que la colección Comprende la Psicología dedica a Jacques Lacan parte de una tesis que contradice el sentido común: la identidad no es un núcleo interior que se descubre, sino una imagen exterior con la que uno se identifica. La afirmación base es «El yo no puede ser el sujeto», y el pensamiento lúcido «no puede ser la cifra con la que calcular la identidad del sujeto».
La escena fundadora es el espejo. Al cuerpo todavía descoordinado, el reflejo le devuelve una unidad que no tiene: «Estamos en el momento del nacimiento del yo». Pero esa imagen «encanta y seduce al sujeto con la promesa de unidad, de integridad» y —aquí está el nudo— «le devuelve lo que no es y querría ser».
La fórmula del tomo: «"yo no soy yo" sino más bien "yo soy yo del otro", es decir, la imagen que nace de la comparación». Y la definición del yo que de ahí resulta: «un objeto evasivo y maleable que se construye, de tiempo en tiempo, en base a aquello con lo que se identifica: una cebolla compuesta de varias capas».
El mecanismo no se queda en la infancia. Las personas reemplazan al espejo: «el sujeto se ve en la imagen de sí mismo que le devuelve otra persona: el padre, el hermano, el colega, el amigo, la compañera...». El tomo señala al hermano como el primer caso social —«una imago que se coloca delante del yo»— donde identificación y celos aparecen en el mismo gesto.
Por eso la comparación no acompaña a la identidad: la constituye. No es un vicio que se pueda dejar con disciplina.
Lo siguiente es lo que más alivio produce cuando se explica bien. El tomo declara que «La escisión lacaniana entre sujeto y yo no puede encontrar solución». El sujeto usa la imagen como «armadura ideal» y vive una «condición perenne de alienación que "estructura" el ser humano». En la formulación más dura: «Yo no soy un sujeto que crea, yo soy el objeto de un reflejo».
Traducido: la distancia entre lo que uno parece y lo que uno siente por dentro no es un defecto personal ni una etapa a superar. Es estructural. Quien vive ese desfase como prueba de que es un fraude está midiendo con una regla que no existe.
El yo queda en «rivalidad con sí mismo». Y cuando otro encarna el ideal, se abre lo que el tomo describe como la «oscilación entre el amor intenso por lo que se querría ser y el odio ciego». La imagen que usa es contundente: «Caín ataca su propia imagen ideal», y la víctima «es el ideal exteriorizado del sujeto».
El tomo añade, desde el marco freudiano, la observación que explica media autoexigencia contemporánea: «la elección de un modelo demasiado alto solo puede aplastarnos».
El freno es el mismo de siempre: «la mediación del reconocimiento recíproco, expresado mediante el lenguaje». Donde se nombra lo que pasa, la rivalidad se administra. Donde no, se acumula.
Lo que sigue es traslado nuestro, y conviene marcarlo porque el estadio del espejo se presenta sin evidencia empírica de psicología del desarrollo: es tesis teórica divulgada.
Usa la envidia como brújula. Cuando alguien reacciona con una hostilidad desproporcionada hacia un competidor o un colega, la pregunta no es qué hizo el otro, sino qué representa. Casi siempre encarna algo que la persona quiere y no se autoriza a querer. Nombrarlo desactiva la mitad de la carga.
Reencuadra el síndrome del impostor. La brecha entre la imagen que devuelven los demás y la experiencia interna es estructural, no un síntoma de fraude. A mucha gente competente le ordena la cabeza escuchar que ese desfase no se cierra y que no tiene que cerrarse.
Baja el modelo, no la exigencia. Si el ideal elegido aplasta en vez de orientar, el problema es la elección del modelo. Se puede exigir mucho contra una referencia alcanzable; contra una inalcanzable solo se puede fracasar con distintos grados de elegancia.
Y para quien dirige: eres un espejo, quieras o no. Las imágenes que devuelves —en una junta, en una evaluación, de pasada en un pasillo— están formando identidades. El reconocimiento explícito no es blandura; es lo único que impide que dos personas talentosas se conviertan en el ideal exteriorizado la una de la otra.
Fuente: Comprende la Psicología (Salvat, 2017; textos de Anna Giardini, Ilaria Baiardini, Barbara Cacciola, Marina Maffoni, Laura Ranzini y Francesca Sicuro), tomo dedicado a Jacques Lacan. Es una obra de divulgación sobre el autor, no obra primaria: lo que aquí se atribuye a Jacques Lacan es lo que el tomo le atribuye. Los traslados al acompañamiento, al liderazgo y a la organización son aplicación propia del Instituto Gnozin, no contenido del tomo. Esta pieza es material de divulgación, no orientación clínica: no diagnostica, no sustituye una consulta profesional y no reemplaza una evaluación de salud mental.
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